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Escritos en el viento... en el tiempo... en el silencio de otras voces

No todos los caminos conducen a Roma.. dice Machado... con Poussin y

No todos los caminos conducen a Roma.. dice Machado... con Poussin y

He andado muchos caminos,
he abierto muchas veredas,
he navegado en cien mares
y atracado en cien riberas.

En todas partes he visto
caravanas de tristeza,
soberbios y melancòlicos
borrachos de sombra negra,

y pedantones al paño
que miran, callan y piensan
que saben, porque no beben
el vino de las tabernas.

Mala gente que camina
y va apestando la tierra...

Y en todas partes he visto
gentes que danzan o juegan
cuando pueden, y laboran
sus cuatro palmos de tierra.

Nunca, si llegan a un sitio,
preguntan adònde llegan.
Cuando caminan, cabalgan
a lomos de mula vieja,

y no conocen la prisa
ni aun en los días de fiesta.
Donde hay vino, beben vino;
donde no hay vino, agua fresca

Son buenas gentes que viven,
laboran, pasan y sueñan,
y en un día como tantos
descansan bajo la tierra.

Para que los dioses nos sean propicios....

Para que los dioses nos sean propicios....

Y nos acompañe "El Parnaso" de Poussin:

Quiero hacer volar estos Escritos en el viento... las palabras más efímeras pero no furtivas... y recitar esta invocación... para que los dioses nos sean propicios...

"Comencemos nuestro canto por las Musas Helicónidas, que habitan la montaña grande y divina del Helicón. Con sus pies delicados danzan en torno a una fuente de violáceos reflejos y al altar del muy poderoso Cronión. (...)

Comencemos por las Musas que a Zeus padre con himnos alegran su inmenso corazón dentro del olimpo, narrando al unísono el presente, el pasado y el futuro. (...)

¡Salud, hijas de Zeus!

Otorgadme el hechizo de vuestro canto "

(Hesíodo, Teogonía)

Para empezar... ¡qué mejor que un poema de Hernández!

Para empezar... ¡qué mejor que un poema de Hernández!

Para la libertad (Miguel Hernández)

Para la libertad sangro, lucho, pervivo. 
Para la libertad, mis ojos y mis manos, 
como un árbol carnal, generoso y cautivo, 
doy a los cirujanos. 

Para la libertad siento más corazones 
que arenas en mi pecho: dan espumas mis venas, 
y entro en los hospitales, y entro en los algodones 
como en las azucenas. 

Para la libertad me desprendo a balazos 
de los que han revolcado su estatua por el lodo. 
Y me desprendo a golpes de mis pies, de mis brazos, 
de mi casa, de todo. 

Porque donde unas cuencas vacías amanezcan, 
ella pondrá dos piedras de futura mirada 
y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan 
en la carne talada. 

Retoñarán aladas de savia sin otoño 
reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida. 
Porque soy como el árbol talado, que retoño: 
porque aún tengo la vida.